Combate de negro y de perros - Sinópsis

Combate de negro y de perrosLa intriga de Combate de negro y de perros está reducida al mínimo. En un campamento de obras públicas de una empresa multinacional francesa, se ha muerto un obrero negro. Su hermano, Alboury, se introduce misteriosamente en el campamento para recoger el cuerpo, y nadie se lo puede entregar. Al momento de percibir los primeros respiros de los actores, la acción ya ha sido actuada y toda la representación teatral se queda suspendida en la espera de esta imposible entrega. Entonces, para Horn, el jefe de la empresa quien tiene a su cargo enfrentarse a Alboury, se trata de buscar una estrategia para evitar o retrasar la entrega del cuerpo. En ausencia del cuerpo de su hermano, a Alboury le hará falta la muerte del asesino. Antes de llegar al inevitable enfrentamiento final, al momento de la venganza fraternal, los personajes van a tener que relacionarse. Así, se van a desenlazar paralelamente diversos “combates” en los cuales la única arma es la palabra. Una palabra que contiene en ella todos los gritos, los golpes, las heridas, los disparos, pero también los intentos, las posibilidades y las esperanzas. Todas las escenas constituyen tanto enfrentamientos como intentos para tocarse. Una obra al limite del teatro, si consideramos que el teatro es ante todo “acción”. Koltès nos ofrece un mundo, o más bien la confrontación de dos mundos opuestos, el de la luz y el de la oscuridad, Francia y África, México y México. Porque el concepto de África en Combate de negro y de perros, tal como el de Macondo en Cien años de soledad, representa una metáfora, tanto de la vida como de la humanidad. No se trata de representar, ni de representarse en un lugar preciso, geográficamente definido, sino más bien en algún lugar de lo que llamamos comúnmente « tercer mundo ». Este campamento de obras públicas localizado por Koltès en África, nos remite tanto al mismo gigantesco continente africano, como a Brasil, Colombia, Centroamérica o México. El África de Koltès es « algún lugar del llamado tercer mundo ». El espectador no tiene que imaginarse estar “en otra parte” (en un lugar lejano, desconocido), sino “por todas partes”, es decir tanto aquí, como allá.

Y en este aquí y este allá que constituyen nuestro mundo, un mundo de dualidad, de imposible acercamiento, de humanidad deshumanizada, existen, aunque por un instante, aunque vanas, las posibilidades de comunicarse que constituyen para Koltès metáforas de la vida y del mundo. Así, con su terrible mirada escrutadora, Koltès define una condición de la existencia. Estos últimos intentos previos a una inevitable explosión final constituyen la esencia de Combate de negro y de perros.


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